Mi parto vertical: percepciones y vivencias de una matrona
Me han sugerido que
escriba la historia de mi parto reciente, que
servirá para empoderar a otras mujeres que estén por vivir este proceso. Escribiré
porque no me perdonaría olvidar los detalles de un momento tan pero tan
intenso, hermoso y mamífero.
Gaspar es su nombre y llegó a nuestras vidas un 12 de enero, la fecha que
precisamente estaba ocupada por eventos que la hacían no ser la más oportuna.
Por un lado, era el matrimonio de la hermana de mi esposo, por otro lado
mi doctor estaría en Valdivia para un matrimonio también.
La fecha probable de parto era el 22 de enero.
Ximena, mi súper matrona, fue un personaje relevante en esta historia, me
solicitaba desde la semana 32 que creara mi plan de parto. Yo tenía un plan pensado, pero no estructurado,
consistía en vivir el trabajo de parto con mi compañero, con las
menores intervenciones posibles, natural (sin anestesia peridural), en posición
sentada, con apego piel con piel lo más posible, un parto tranquilo,
consciente, sin mística ni ritos new age. El tema del dolor significaba un
reto para mí, buscaba que fuera sin anestesia y de esta forma
sentirme apropiada de mi pelvis y periné, logrando así un pujo espontaneo y
libre. Sin embargo al ser mi primera experiencia y no saber cómo mi cuerpo
respondería, deseaba poder optar a la peridural sin reproches míos ni del
equipo de salud al no cumplir el plan original. No deseaba sentirme frustrada
por aquello en lo más mínimo. Pese a tener todas estas ideas claras, Ximena me
pedía más estructura. Para mí estaba perfecto, era un plan no estructurado, en
donde le daba espacio a mi instinto y a sus decisiones correctas. Nunca lo
logré escribir, el plan sólo estuvo en mi cabeza nunca en un papel.
Pródromos
El jueves 10 de enero durante el control de embarazo me realizaron un
monitoreo basal de rutina antes de entrar a la consulta. La matrona me coloca
las nunca bien ponderadas "correas", nos ponemos a conversar de la
vida, mi esposo me hace reír mucho durante el procedimiento, todo muy bien
hasta ahí. Voy mirando de reojo el registro y la matrona me pregunta que cómo me
siento, mientras van apareciendo unas contracciones en el trazado. Eran
hermosas, ¡como de libro! 2 en 10 minutos. Yo no
sentía dolor, o muy leve para no mentir, pero
si sentía el abdomen duro, sin embargo había un síntoma que me avisaba mejor: dificultad leve
para respirar.
La matrona me dice, que irá a avisarle al doctor. Entramos luego de unos
minutos a la consulta, felices de la vida, yo muy orgullosa de mis lindas contracciones. El doctor me
señala que está todo bien, no me realiza
tacto vaginal, en cambio me
mide el cuello del útero con el ecógrafo y me dice que puedo partir con el
trabajo de parto en un día o más y que crucemos los dedos que no sea el sábado
12 de enero. Yo le replico: ¡obvio que no! De todas formas, me indica que le
avisará a una colega suya que esté atenta por si acaso el parto fuera el
bendito sábado 12.
Ese mismo día llega mi madre desde
Chiloé para acompañarme por unos buenos dos meses de puerperio (qué mejor!)
Reposo en pródromos
Resulta necesario aclarar que el reposo en pródromos
de trabajo de parto de término sin patología no existe, no se indica a
nadie, pero era viernes 11, la víspera del matrimonio de mi cuñada y era
necesario para mí hacerlo. Estuve todo el día en cama, me levanté sólo a
almorzar. Hice todo desde la cama, le pinté las uñas a mi mamá, me probé los
zapatos para ir a la fiesta en horizontal, conversé con mi madre de todo
mientras controlaba mi dinámica uterina (contaba la frecuencia
de mis contracciones). Llego estoica a las 23 horas, mi marido se acuesta a mi
lado, le comento contenta que nos aguantamos con el cachorro y que por lo visto
iremos al matrimonio. Apago la luz y luego de 5 minutos: ¡Rotura de
Membranas! Mis sensaciones son: dolor corto, una especie de ardor, un
sonido como quien rasga una tela y el líquido mojando la cama. Mi esposo salta
de un brinco de la cama, enciende la luz y me pregunta: ¿qué hago?. Lo que hay que hacer-respondo-, avisarle
al doctor, mirar si es líquido claro (que no haya meconio) y ponerme una sábana
como apósito. Mientras daba mis propias indicaciones. me sentía orgullosa de
cómo él disimulaba su estrés e intentaba ayudar. Le envío mensaje al doctor quien me indica llamar a Ximena mi
matrona y me repite que su colega me atenderá, la cual claramente yo no conocía
hasta ese día. La verdad, me daba un poco de pena que no estuviera mi doctor,
pero esto no ocupaba la mayor de mis preocupaciones, tenía una seguridad en mí insospechada.
La ida a la Maternidad
Partimos a las 3 de la mañana con bolsos y todo, mamá y esposo. Botaba harto
liquido amniótico y las contracciones se habían hecho un poco dolorosas y un
poco más coordinadas. Ximena me examina y aún no
estaba con dilatación suficiente, "un cuello blandito" -me dijo.
Me da dos opciones, quedarme en la clínica hasta que se cumplan las 12 horas de
membranas rotas, momento en que se inicia la inducción y la administración de
antibiótico. La segunda opción era irse a la casa y dormir para volver en la
mañana sin prisa, considerando que el líquido estaba claro y que los latidos
cardiofetales estaban excelentes. Probablemente influía que yo soy matrona y mi
marido médico para sugerirme esa alternativa. Entonces, tomamos los
bolsos y nos dirigimos de vuelta a casa. Increíble, pero logramos dormir
los tres, yo con contracciones dolorosas y todo.
A las 9 de la mañana nos despertamos todos, nos duchamos y le pido a mi mamá
que me seque y alise el pelo, quería ser una parturienta bien digna. Bolsos al
hombro otra vez y llegamos a la clínica a las 10 am. Ingresamos con toda la
calma del mundo, me venía una contracción, parábamos mientras duraba y luego
seguíamos caminando. Ximena nos recibe y me hace el comentario que ahora
sí mi cara rebela contracciones mas poderosas, concuerdo con ella.
Llega la doctora, primera vez que la veía en mi vida, muy amorosa me indica que
más que inducción será conducción de trabajo de parto, ya que a esa hora estaba
con un cuello permeable 1 dedo, central, borrado, según tacto de Ximena, quien
preparaba la vía venosa y el suero con oxitocina. En ese
momento yo estaba tan tranquila y mi madre se asombraba de mi calma.
El trabajo de parto
Mientras me instalaban el suero y monitorizaban, me apropiaba ya del espacio,
una sala integral de parto hermosa, con silla de parto, sillón, tina, un mural
de un bosque del sur de Chile en toda una pared, colchonetas y espacio para
estar en movimiento. Mi madre y marido al lado observando y llegan mis suegros
a saludarme quienes estaban en medio de los preparativos del
matrimonio de su hija. Mientras hablaba con
ellos me aproximaba a conocer las contracciones de oxitocina sintética,
que llegan rápido al acmé, duelen intenso y corto, cerraba los ojos cuando
venía una y continuaba la charla.
Ximena le señala a mi familia que queremos vivir el proceso íntimamente sólo
con mi esposo para que empiecen a despedirse. Mi madre respetó nuestra decisión
sin replicar, aunque estoy segura pagaba por estar a mi lado todas las
horas que fueran necesarias.
El goteo oxitócico se hace sentir, mi matrona me conduce en los métodos
naturales de manejo de dolor, me enseña asimetrías sobre la colchoneta, trae su
guatero de semillas y me ofrece la anestesia peridural cuando quiera, pero
considero que es un dolor manejable aún, Ximena sabía que estaba resistiendo,
que me esforzaba y lo hacía bien. Ella nos había mencionado sobre el rebozo mexicano en un taller
personalizado de preparación del parto , yo lo conocí en
unos cursos que hice haces hartos años atrás, pero mi marido lo hizo
por medio de videos de Youtube. Mi esposo utiliza un rebozo para
masajear la zona sacra, un trabajo lindo y conectado con el momento,
él ponía su cabeza en mi hombro, respiraba intenso y cuando venía la
contracción rebozaba en la zona lumbosacra, luego volvía a ese espacio en mi
hombro. Cuando cambiaba la secuencia y en vez de solo quedarse en mi
hombro, me daba un beso, le sugería que no rompiera el ritual espontaneo que
estábamos creando. Un ritual no hippie ni de energías cósmicas, sólo instinto y
con The Beatles para bebés como banda sonora. Ximena nos dejaba solos largo
rato, momentos necesarios para esta ardua
tarea que es el trabajo de parto.
Ya estaba más intenso todo, no recuerdo la hora, sólo los dos centímetros del
último y único tacto vaginal, Ximena me ofrece llamar al anestesista, o probar
con la tina, yo le respondo que quiero probar lo segundo, porque quiero avanzar
mi dilatación lo mas posible sin la peridural. Estoy en la tina de agua
caliente, estoy en el bosque húmedo, mi compañero al lado cuidando la vía
venosa que no se moje, y yo tolerando las contracciones de oxitocina sintética
que se hacen durísimas. Quiero aguantar más.
No recuerdo cuanto tiempo estuve en la tina, pero
justo cuando mi abnegada matrona quería ir a comer algo, decido que ahora
sí, la quiero (peridural). Me está ayudando a salir de la tina cuando llega
el anestesista, probablemente en dos
minutos o menos desde que manifesté mi deseo de Peridural, ¡increíble! En ese
momento, siento conformidad y ella me refuerza una y otra vez que lo estaba
haciendo fantástico, que estaba siendo muy fuerte. El anestesista de pocas
palabras prepara la escena, yo me pongo de lado, extendiendo la columna y con
la cabeza en el pecho, Ximena me ayuda (me remonto a cuando trabajaba en partos
en Chiloé y asistía a las mujeres, ahora estaba del otro lado de la vereda). Es difícil estar tan quieta con
la potente contracción, pero lo logro. Siento la punción, el líquido en mi
espalda, un dolor minúsculo al lado de las contracciones que estaba viviendo.
El anestesista me pregunta por mi nivel de dolor, yo siento igual y a la
segunda pregunta mi respuesta es otra: "doctor esto es maravilloso, la
peri es maravillosa", en una especie de embriaguez que estaba
experimentando al no sentir nada de dolor. Ismael
dice que me encontraba en una suerte de trance durante las horas de trabajo de
parto y que tenía una mirada única e indescriptible.
Pasa una hora, quizás más y empiezo a sentir de nuevo la contracción,
pero leve, Ximena me examina, estaba con 7 cm de dilatación. El temor de que la
Peridural detuviera o enlenteciera el progreso del trabajo de parto se esfumó,
estábamos felices. Probablemente avancé mucho en la tina sin notarlo. Mi mamá
que estaba en la sala de espera era la corresponsal y transmitía las noticias a
la familia que estaba a esa hora en la iglesia esperando a la novia.
Me ofrecen un refuerzo de anestesia, a lo cual accedo, luego me incorporo,
continúo en movimiento, voy al baño, tomo helado de piña, los latidos de Gaspar
perfectos y una libertad total. Mi matrona leyendo el momento de manera excelente
y con una sabiduría que sólo lo da el amor a la profesión y la experiencia de
horas de trabajos de partos de diversas mujeres durante años.
Pasa otro rato y empiezo a sentir contracciones y dolor moderado, pero nada
comparado con el periodo pre anestesia, una sensación en la pelvis distinta, no
lo puedo describir, Ximena me examina, estoy con 10 cm y la posición de la
cabeza es posterior. ¡Lo sabía! Gaspar siempre mantuvo su dorso a la derecha en
el tercer trimestre de gestación. Recuerdo que cuando trabajaba en sala de
parto, o cuando aun era alumna, "mujer parturienta con 10 cm de
dilatación" era sinónimo de pasar a sala de partos (cuando no había sala
integral), gritar ¡parto! e iniciar la locura total. Aquí Ximena me dice
tranquilamente que estoy "completa" que la cabeza fetal está
posterior, pero rota al pujo dirigido, que llamará a la doctora y que nos
quedemos los dos esperando la rotación de la cabeza, tranquilos, con calma y
sin ningún apuro. Maravilloso manejo. Ismael y yo regaloneando, bien sentada
agarrada de una sábana que estaba atada a un gancho del techo, con Gaspar ad
portas, esperando que haga su ingreso magistral.
El parto, la poesía
Después de un rato vuelve mi matrona, le indico que me dieron ganas de pujar
pero leves, que estoy sintiendo las contracciones. Me ofrece un refuerzo de
anestesia, oferta que rechazo con la certeza de que con ese nivel tolerable de
dolor, y percepción de mi pelvis podría pujar y sentir todo lo que quería
sentir. Me examina, sigo con 10 cm y Gaspar con su cabeza ahí mismo. Ella me
invita a cambiar de posición, estoy en cuatro apoyos con el balón, sobre la
cama, hago asimetrías y me conecto con las sensaciones de mi piso pélvico. Trae
su rebozo y le dice a mi esposo que la ayude, yo en cuatro puntas, apoyando mi
cabeza en el balón, Ismael agarra firme un lado y ella el otro y ambos rebozan. Luego llega la doctora, termina esa escena,
sigo ahí mismo en 4 apoyos mirando hacia la cabecera de la cama, me dan ganas
de pujar, me toco por instinto y siento la cabeza de Gaspar coronando. Le digo
a Ximena y me contesta: "dale, puja no más" e inmediatamente continúa
con "doctora, los guantes".
Como un instinto sin siquiera pensarlo me pongo en cuclillas y pujo, con la
sensación de hacerlo pero no desbordada, sintiendo mis estrechos pélvicos, la
cabeza fetal pesando y pasando, con un dolor leve, rico y necesario, todo en un
equilibrio hermoso. Ximena le dice a la doctora que me permita a mí recibirlo,
yo oigo eso y sin esperar instrucciones pongo mis manos y toco la cabeza saliendo
del canal de parto, la doctora hace un movimiento y yo lo recibo, cabeza y
luego cuerpo, mojado, caliente, activo y hermoso. El tiempo se detiene y lo
pongo en mi pecho, atrapándolo en mi abrazo, nos fundimos los tres en una nube
de oxitocina, Gaspar llorando, Ismael y yo llorando con él, lágrimas enormes de
felicidad, las sentía como gotas gruesas que rodaban por mis mejillas, mientras
seguía en cuclillas.
Luego le pregunto a Ismael, "qué es esto que me tira", era el cordón
umbilical adherido a mi placenta, obvio. Para ese momento los conocimientos de
la Obstetricia no existían, era sólo una mujer pariendo a su hijo en una escena
mamífera y lejos de cualquier racionalidad.
Cuando pude despejar mis ojos de las grandes lágrimas, y entender que sigue el
alumbramiento (salida de la placenta), Ximena me dice que me dé vuelta y
acueste. Continuando con ese rol totipotente que estaba experimentando, con mi
guagua en brazos, con el cordón adherido a mi placenta, me doy vuelta y acuesto
sola, sin ayuda, caminando en cuclillas y con todas las conexiones de Gaspar,
cordón latiendo y placenta viva.
Nos enamoramos los tres al instante, Gaspar repta hacia el pecho y se acopla
perfecto al primer minuto con esos ojitos enormes, bien abiertos,
reconociéndome ahora desde afuera. La pediatra nos mira y entiende que no hace
falta nada más que dar lugar al apego piel con piel. Nos mantenemos los tres
por casi dos horas, amándonos, respetando el momento sagrado que estábamos
viviendo, no hay fotos, no hay videos, sólo nuestros recuerdos.
Mi madre al escuchar el llanto desde la sala de espera, transmite la noticia a
la familia, que a esa hora ya estaba en la fiesta celebrando a los novios.
Nosotros también estábamos de fiesta, pero íntima, con tres invitados, una
bienvenida para Gaspar quien llegó al mundo en una danza vertical mediada por
la oxitocina y la libertad.
Cada mujer con su
parto, no hay uno ideal, no hay uno mejor planeado. Cuando es respetado por ti
y por quienes te acompañan, la experiencia se vuelva perfecta. Junto con
humanizar, necesitamos mamiferizar el parir.

Hermosa y maravillosa experiencia. Me encanta!!! Eres y serás inspiración para muchas mujeres. Te quiero 🤩
ResponderEliminarOjalá! Y yo a ti
EliminarHermosa y maravillosa experiencia. Me encanta!!! Eres y serás inspiración para muchas mujeres. Te quiero 🤩
ResponderEliminarHermosa y maravillosa experiencia. Me encanta!!! Eres y serás inspiración para muchas mujeres. Te quiero 🤩
ResponderEliminarCuánta dulzura, sinceridad, poesía, energía y amora. Muy bello Damaris, no solo es hermoso. Tienes la pluma!! Cariños, mujer valiente
ResponderEliminarGracias!
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